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¿Qué es la eutanasia? Según Santa Hildegarda de Bingen

Blog, Santa Hildegarda de Bingen

La eutanasia es la acción de provocar la muerte de una persona de manera intencional y controlada, con el objetivo de evitar un sufrimiento físico o emocional considerado insoportable, generalmente en casos de enfermedades graves, incurables o en fase terminal.

Paciente en cama de hospital acompañado durante una reflexión sobre la eutanasia
Indice de contenidos

Tipos principales de eutanasia

  • Eutanasia activa: cuando se administra directamente una sustancia o procedimiento para causar la muerte, como una inyección letal.
  • Eutanasia pasiva: cuando se suspenden o no se inician tratamientos médicos que mantienen con vida al paciente, permitiendo que la enfermedad siga su curso natural.
  • Suicidio asistido: cuando un médico u otra persona proporciona los medios para morir, pero es el propio paciente quien realiza el acto final.

¿Por qué se plantea la eutanasia?

Generalmente se considera en situaciones como:

  • Enfermedades terminales sin posibilidad de cura.
  • Dolor físico extremo que no responde al tratamiento.
  • Pérdida severa de calidad de vida.
  • Solicitud consciente y repetida del paciente.

¿Cuál es la postura de la Iglesia católica sobre la eutanasia?

La Iglesia católica considera que la eutanasia es moralmente inaceptable, porque implica provocar deliberadamente la muerte de una persona, incluso cuando la intención sea aliviar el sufrimiento.

Diferencia entre eutanasia, rechazo de tratamientos y cuidados paliativos

  • Eutanasia

Consiste en provocar la muerte para eliminar el sufrimiento y es considerada moralmente ilícita.

  • Rechazo de tratamientos desproporcionados

No se está obligado a utilizar tratamientos que solo prolongan la agonía sin una esperanza real de recuperación. En estos casos puede aceptarse que la enfermedad siga su curso natural.

Esto se considera dejar morir naturalmente, no provocar la muerte.

  • Cuidados paliativos

Los cuidados paliativos buscan aliviar el dolor y acompañar a la persona durante la enfermedad mediante atención médica y humana.

También pueden utilizarse medicamentos para aliviar el sufrimiento, incluso cuando exista la posibilidad de que acorten indirectamente la vida, siempre que la intención no sea causar la muerte.

¿Qué dice el Catecismo de la Iglesia Católica?

El Catecismo aborda la eutanasia como una acción u omisión que, por su naturaleza o intención, causa la muerte con el propósito de eliminar el dolor, y la considera una violación grave de la ley moral.

La enseñanza también distingue esta práctica del rechazo de tratamientos desproporcionados y del uso de cuidados paliativos destinados a aliviar el sufrimiento.

¿Qué dice la Biblia sobre la eutanasia?

La perspectiva cristiana sobre la eutanasia también se fundamenta en la concepción de la vida humana como un don de Dios y en el deber de acompañar a quien sufre.

La vida no es solo “propiedad” humana

Cuando en la Biblia aparece el mandamiento:

“No matarás” (Éxodo 20:13)

La Iglesia no lo entiende únicamente como una prohibición legal, sino también como un principio relacionado con el valor inviolable de la persona humana.

Desde esta perspectiva, provocar intencionalmente la muerte para eliminar el sufrimiento contradice el respeto debido a la vida.

El sufrimiento no debe ignorarse ni romantizar

La postura católica no consiste simplemente en pedir a una persona que “aguante el dolor”. El sufrimiento debe ser acompañado y atendido.

Cuando Jesucristo dice:

“Estuve enfermo y me visitasteis” (Mateo 25:36)

Se destaca la importancia de estar junto a quien atraviesa una enfermedad y una situación de sufrimiento.

Por ello, el acompañamiento humano, los cuidados paliativos y el alivio del dolor forman parte de una respuesta que busca respetar la dignidad de la persona.

Matar y dejar morir naturalmente

La Iglesia no obliga a utilizar todos los medios médicos posibles en cualquier circunstancia.

Si un tratamiento es desproporcionado, inútil, extremadamente invasivo o únicamente prolonga artificialmente la agonía, una persona puede legítimamente rechazarlo.

Esto no se considera eutanasia, porque la intención no es provocar la muerte, sino aceptar el límite natural de la vida humana.

El sufrimiento extremo desde una mirada espiritual

El sufrimiento intenso puede llevar a la persona a diferentes experiencias interiores. En algunos casos puede aparecer el deseo de recuperar el control sobre una situación que parece insoportable:

“Yo decido cuándo termina esto, yo no puedo seguir, yo controlo mi final”.

Desde una mirada cristiana, esta experiencia puede abrir una reflexión sobre la fragilidad humana, la necesidad de acompañamiento y la confianza en Dios.

La soberbia escondida en el sufrimiento extremo

El sufrimiento puede llevar a un encierro en el propio control, especialmente cuando la persona siente que ya no puede soportar su situación o aceptar sus propios límites.

Sin embargo, esto no significa que toda persona que desea morir esté actuando conscientemente desde la soberbia. El sufrimiento extremo puede estar acompañado de angustia, miedo, desesperación y una profunda sensación de soledad.

La reflexión espiritual busca comprender esta experiencia y no juzgarla simplemente.

La humildad espiritual como alternativa

En lenguaje cristiano, la humildad no es debilidad, sino reconocer la propia limitación y abrirse a ser sostenido por Dios.

Puede expresarse interiormente de esta manera:

  • “No entiendo este sufrimiento, pero no estoy solo”.
  • “No tengo control sobre todo, pero confío en Dios”.
  • “Mi vida no pierde valor aunque esté herido”.

Desde esta perspectiva, la humildad permite dejar de enfrentar el sufrimiento únicamente desde el control personal y abrirse a la fe, al acompañamiento y a la esperanza. Si desea conocer más esta virtud, puede conocer nuestro artículo sobre los ejemplos de humildad.

El “milagro” en sentido espiritual

Cuando se habla de “milagro” en este contexto, no siempre se hace referencia a una curación física.

También puede significar una transformación interior que se manifiesta en:

  • Paz en medio del dolor.
  • Reconciliación interior.
  • Desaparición del rencor.
  • Capacidad de amar incluso mientras se sufre.
  • Morir sin desesperación ni odio.

¿Cómo puede cambiar esta postura?

Una transformación espiritual profunda puede comenzar cuando la persona deja de interpretar su enfermedad o sufrimiento como una razón para considerar que su vida ha perdido todo valor.

Deja de ver su vida como “sin valor”

La persona puede comenzar a reconocer:

“Mi vida sigue teniendo sentido aunque esté enfermo”.

La enfermedad y el sufrimiento no eliminan el valor de la persona.

Descubre que el sufrimiento puede tener propósito

Desde la fe cristiana, el sufrimiento puede adquirir un sentido espiritual relacionado con la purificación interior, la reconciliación con Dios y la intercesión por otros.

Esto no significa glorificar el dolor, sino buscar un significado que permita vivirlo desde una perspectiva diferente.

Recupera la experiencia de acompañamiento

La desesperación puede disminuir cuando la persona descubre que no está sola, que es cuidada y que puede ser escuchada.

El acompañamiento médico, familiar, humano y espiritual puede ayudar a afrontar el sufrimiento sin reducir a la persona únicamente a su enfermedad.

Encuentra sentido trascendente

El sufrimiento puede dejar de ser contemplado únicamente desde su dimensión biológica y convertirse, desde la fe, en un camino de unión con Dios.

El cambio interior puede expresarse así:

“Aunque duela, no estoy solo y mi vida aún tiene propósito”.

CONCLUSIÓN

El sufrimiento humano no es algo que pueda explicarse fácilmente ni debe ser glorificado. Sin embargo, desde una profunda perspectiva cristiana, el dolor no tiene por qué ser el final de la historia.

La persona que atraviesa una enfermedad o un sufrimiento extremo conserva su dignidad y necesita ser acompañada, escuchada y sostenida.

Desde la fe, el sufrimiento puede convertirse en un espacio de transformación interior, donde el alma aprende a confiar, a rendirse ante aquello que no puede controlar y a encontrar esperanza en Dios.

El dolor no es el final de la historia; puede ser el lugar donde el alma se purifica, se rinde y se encuentra con Dios.

Para complementar este análisis, invitamos a ver el siguiente video.

Katiusca cuadrada

ESCRITO POR

Katiuska Villasmil

Médico anestesiólogo

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